

Introducción a la Teología: Fe y Teología
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La fe y la Teología son dos actitudes distintas, porque mientras que la fe resulta de un compromiso existencial de todo el hombre ante una opción que brota de su propio ser, la Teología, como ciencia, es ante todo el entendimiento de esa fe. Creer y reflexionar sobre la fe se distinguen tanto como vivir y reflexionar sobre la vida; se trata en ambos casos de actitudes necesarias, pero distintas. Lo mismo que la vida humana es inteligencia que piensa para descubrir su propio sentido, la fe supone una reflexión sobre sí misma, por tanto la Teología no pretenderá eliminar la fe para quedarse sólo con su elemento inteligible, sino que querrá servirla intentando profundizar en el conocimiento inicial que de ella tenemos.
Naturaleza de la Teología
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En términos generales se entiende por T. la exposición metódica y estructurada del contenido de la fe cristiana, es decir, de la doctrina revelada. Más técnicamente se la puede definir: a) genéticamente, como aquella actividad por la que el cristiano, que ha aceptado por la fe la Revelación divina, se esfuerza, mediante el estudio y el análisis racional, en comprender hondamente la verdad creída y, a su luz, juzgar de la entera realidad. En palabras de Newmann, «un ejercicio del intelecto con respecto a los credenda de la Revelación» (El asentimiento religioso, Barcelona 1960, 148); o, más exactamente, una « fides discursum rationis assumens», acto por eJ que una inteligencia creyente asume toda su capacidad cognoscitiva a fin de profundizar en lo que por la fe cree y explicitar todas sus virtualidades; b) terminativamente, como el resultado de esa actividad, es decir, una exposición estructurada y orgánica del contenido de la Revelación, poniendo de relieve su íntima unidad y explicitando sus riquezas y virtualidades; en suma, un «conocimiento desarrollado de la fe» (M. J. Scheeben, Handbuch der Katholischen Dogmatik, Friburgo de B. 1873, n° 957), una «explicatio fidei» (S. Tomás, Sum. Th. 2-2 q5 a4).
Fuentes y Metodo de la Telogía
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Entre las variadas fuentes de las que se nutre la teología como ciencia de la fe, se destacan tres, como las más importantes y las que determinan la autenticidad de la reflexión teológica: la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia. Estas tres fuentes se convierten en las directrices de la teología, constituyéndose como los paradigmas fundamentales que dan fluidez y avalan todo el quehacer teológico y toda reflexión de la doctrina cristiana, que pretenda ser ortodoxa y auténtica.
Magisterio y Teología.
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«No solamente las relaciones del Magisterio con la teología [...] tienen mucha importancia, sino que hay que reconocerles hoy un carácter muy acentuado de actualidad» [1]. En las páginas que siguen, se hace un esfuerzo para esclarecer la relación que existe entre «el mandato que constituye [al Magisterio eclesiástico] guardián de la Revelación divina y la tarea confiada [a los teólogos] de estudiar y exponer la doctrina de la fe»



